De estilo potencialmente moderno y de carácter simbólico, el Auditorio se compone de una serie de volúmenes curvos, algunos de ellos revestidos por la técnica del trencadís, influencia indudable de Gaudí, en el que sobresale por encima del cuerpo central la forma curva de la cúpula de hormigón. Esta majestuosa cúpula se sitúa nada menos que a 50 metros de altura con respecto a la plaza inferior que la rodea.

El acceso al interior del Hall principal del edificio está definido mediante dos arcos enormes situados sobre una plataforma escalonada. Ya en el interior, el majestuoso edificio cuenta con varios espacios bien diferenciados; la Sala Sinfónica, situada en el nivel cero y uno, tiene un escenario de 380 m² para un aforo de unos 1.558 espectadores. La otra sala , la Sala de Cámara, dispone de 150 m² y un aforo para 428 espectadores.
EL CONCEPTO.
La edificación, describe el arquitecto, “no tiene fachada…”, y su forma produce “múltiples sugerencias”. Para unos tiene forma “de ola; para otros, de luna, o de casco o de una gigantesca lengua de cobra”. En todo caso, Calatrava se alegra de que sea “sugerente”; porque “así también es la música”. Según algunos comentaristas, el Auditorio de Tenerife presenta dos características. “La primera es su abertura al exterior, tanto al mar como a la ciudad, con amplias terrazas y un paseo peatonal que cruza de lado a lado el edificio. La segunda, debido al trazo expresivo de Calatrava, ubica al Auditorio más en la concepción de una escultura orgánica gigantesca…, en todo caso, es un edificio que conserva siempre fresco el oleaje de la música”
Si uno se aleja de la estructura, y la ubica contra el fondo del mar, el Auditorio parece una montaña de espuma a punto de chocar contra las rocas de la costa.
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